sábado, 11 de diciembre de 2010

Despertar.

Despertar y observarte. Observar tus ojos dormidos, tu boca cerrada, creando una sonrisa. Mirar tu pelo, y ver como se refleja en el la luz del sol. Despertar. Ponerme de lado, y apoyarme en la almohada con mi codo, sujetando así mi cabeza con el brazo. Pasarte un mechón de pelo que te cae en tu rostro por detrás de la oreja. Empezar a acariciarte la cara, y bajar por el cuello. Despertar.
Y mientras, decirte todo lo que no me atrevo a decir cuando estas despierta. Entre cada frase meter un te quiero. Hacer que nuestra respiración sea acorde, y notar que en ese momento solo estamos tu y yo, y que el mundo se ha parado. Que se ha parado solo por verte a ti amanecer, porque tu eres para mi el amanecer de cada día.

Despertar.

Despertar, y darse cuenta de que ese es tu sueño. De que esa es tu ilusión. Y darte cuenta, al despertar, que no hay ninguna chica con la que realizar esa ilusión. Y, sobre todo, darse cuenta de que realmente no te hace ilusión tu propia ilusión.

Despertar....

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