'Cuídate mucho, lo necesitas', 'tienes que cambiar de actitud', 'no necesitas lo que estás tomando', 'no entiendo tu problema' y un largo etcétera de frases y palabras que recibo a diario y que la gente cree que me ayudan. Creen que son música para mis oídos y me hacen estar mucho mejor. Pero no, no es así. No sé si lo que tengo es un grado bajo de locura, o tan sólo una mala racha (de más de 1 año por cierto).
El médico no sabe lo que me pasa, pero me recetó antidepresivos hace 3 meses. Desde entonces, sí, noto una mejoría en ciertos aspectos. Pero en otros, me siento jodidamente sin alma. Sin control de mi mente. Una dosis diaria de 50 gramos de antidepresivo es la que controla mi mente, mi cuerpo. Soy yo, sin ser yo. Ojalá no lo viváis nunca.
Durante tres meses no he recibido más que apoyo, y doy las gracias a todas esas personas (ellas saben quienes son). Pero también he recibido juicios de valor por mis actitudes, por tomar cosas que según ellos no debo, y por dejar de hacer ciertas cosas. No se dan cuenta, que en mayor o menor medida estoy enfermo. Y que todo conlleva un proceso. Y que sé que lo que tomo no es del todo sano. Pero cuando sientan o padezcan lo que yo, entonces que hablen, que emitan juicios de valor desde el conocimiento.
Tampoco me sirve de gran ayuda que todo el mundo esté encima mía, muchos de ellos por el simple hecho de saber lo que tomo y dejo de tomar. Os lo agradezco, pero ni soy un esquizofrénico, ni voy a matar a nadie, ni si quiera voy a intentar suicidarme, porque que yo sepa ni tengo diagnosticada una enfermedad mental ni tengo en mi historial clínico cualquier forma de intento de suicidio.
Soy una persona normal, que toma esto como una señora de 55 años puede tomar hormonas para regular su cuerpo en la menopausia. Estoy bien, cuando mi cuerpo pide que esté bien. Preguntadme que tal va mi vida, que tal estoy yo, pero vuestras intenciones se ven a la legua. Si estoy serio, triste, apagado, es normal. Sé que os preocupáis porque me tenéis cierto cariño. Y, de verdad, gracias! :) Pero necesito más tiempo para todo que el resto. Nada más.
No bebo, no fumo, ni consumo ninguna droga. Creedme, estoy más sano que muchos de vosotros. Las pastillas no van a matarme. Ni van a quitarme la vida poco a poco. Son para ayudarme. No me hagáis sentir como si estuviera loco. No quiero creérmelo.
lunes, 30 de septiembre de 2013
viernes, 27 de septiembre de 2013
Llama.
Me siento como una llama. La mecha de una vela que en cualquier momento puede apagarse, o hacerse más grande. Se trata de fuego, el elemento más temido, pero a su vez uno de los más frágiles. Un simple soplo de viento, una gota de agua, puede acabar con él. Pero sin embargo, poca gente se atreve a tocarlo. Poca gente es tan valiente de coger el fuego, como cogemos agua, tierra o aire. Cuatro elementos incompatibles entre sí, pero a la vez inseparables, que forman parte de un ciclo que nunca acaba.
Esa llama sabe que tiene fecha de caducidad, que un momento se apagará y no volverá a encenderse. No por ella misma, sino porque sabe que su vela de un momento a otro se apaga. Por que sabe que habrá un momento que no quede cera que se convierta en aceite, y que la mecha quedará ahogada y entonces morirá. Pero hasta entonces, la llama sabe que tiene que luchar, que tiene que sobrevivir todo lo que pueda y que tendrá momentos de esplendor, y momentos en los que se sentirá muy pequeñito.
Yo, ahora, me siento pequeñito tras un momento de esplendor. Me siento más obligado que nunca de luchar y de sobrevivir. Pero sé que una vez que me recupere, el esplendor será más grande que nunca. Mi momento habrá llegado, y entonces podré disfrutar todo lo que pueda para cuando venga otra mala época.
Todo es un ciclo, como el de los cuatro elementos. Nadie vive épocas hermosas para siempre. Nadie puede decir que ha vivido una vida absolutamente plena. Porque quien diga eso no tiene experiencia, no sabe lo que es luchar y entonces su vida no habrá tenido sentido. Para vivir, hay que caerse, porque la gracia de vivir, está en levantarse. Y si no, que se lo digan a la llama.
Esa llama sabe que tiene fecha de caducidad, que un momento se apagará y no volverá a encenderse. No por ella misma, sino porque sabe que su vela de un momento a otro se apaga. Por que sabe que habrá un momento que no quede cera que se convierta en aceite, y que la mecha quedará ahogada y entonces morirá. Pero hasta entonces, la llama sabe que tiene que luchar, que tiene que sobrevivir todo lo que pueda y que tendrá momentos de esplendor, y momentos en los que se sentirá muy pequeñito.
Yo, ahora, me siento pequeñito tras un momento de esplendor. Me siento más obligado que nunca de luchar y de sobrevivir. Pero sé que una vez que me recupere, el esplendor será más grande que nunca. Mi momento habrá llegado, y entonces podré disfrutar todo lo que pueda para cuando venga otra mala época.
Todo es un ciclo, como el de los cuatro elementos. Nadie vive épocas hermosas para siempre. Nadie puede decir que ha vivido una vida absolutamente plena. Porque quien diga eso no tiene experiencia, no sabe lo que es luchar y entonces su vida no habrá tenido sentido. Para vivir, hay que caerse, porque la gracia de vivir, está en levantarse. Y si no, que se lo digan a la llama.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)