He estado cuatro larguísimos meses viviendo en una nube. No podía expresar con totalidad mis sentimientos, algo me cohibía, y me costaba soltarme, me costaba sacar todo lo malo de mí. Hay una imagen muy explicativa, o más que una imagen, un momento. Se trata del capítulo 20x17 de 'Los Simpson', llamado 'Los buenos, los tristes y los drogados'. En él, Lisa Simpson recibía un tratamiento para estar más de acuerdo con el mundo que le rodeaba, y no vivir como una frustrada. No se trata exactamente de lo que me pasaba a mí, pero sí era algo parecido.
Cuando comencé a tomarlas, veía el mundo de lo más miserable. Contraefecto lo llaman. Al principio vives intensamente lo que buscas cambiar, para de repente vivir un cambio enorme. No veía el mundo como Lisa, pero algo parecido. Todo comenzaba a ser bonito, mis problemas parecían desvanecerse, y mi vida empezaba a ir bien. O eso creía. Lo que he vivido estos cuatro meses han sido grandes golpes de realidad, en los que me agobiaba y no veía la salida. Me sentía como en un pozo, en el cual me tiraron. El pozo tenía todo lo que podía tener, pero tenía un montón de maderas que tenía que construir si quería salir de allí. Y a pesar de todas las comodidades, no quería estar allí.
No puedo hacer un balance positivo de algo que te trastoca el sistema nervioso y la percepción de la realidad. Ahora puedo ver la realidad como realmente es, y debo aprender a afrontarla yo solo. El tratamiento iba a durar un mínimo de seis meses. Pero no podía más. No podía vivir engañado. Mi vida en este momento se encuentra en mi mano, y si algo he sacado de tomar estas pastillas, es que soy yo quien maneja mi vida, y debo preocuparme de mí mismo. Centrarme en mí y en lo que me rodea, y no tener la sensación de no avanzar, porque gracias a ello he adquirido una madurez que muchísimos quisieran.
Ahora me da igual ya lo que hacer, o cómo vivir. Es mi vida, y a quien no le guste, que no mire. Pero desde hoy voy a proponerme ser feliz, luchar por mí y por mi gente, y vivir la vida que las circunstancias me permitan vivir. No voy a pensar en lo que pudiera hacer, o lo que pudiera haber sido. Voy a ser yo, David Marañón. Y sea acompañado de una mujer, de un hombre, o de un gran número de amigos, mi vida, empieza hoy.

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