Hola,
Puede que no sepas quien soy. Es lo más probable. Yo tampoco sé quién eres, dónde vives, cómo eres... Tan sólo sé que te quiero. Sí, puede que sea algo precipitado, pero ahora mismo mi vida únicamente se centra en ti. Únicamente quiero tenerte entre mis brazos, poder besarte cuando me de la gana, y que no seas mía... que seamos nuestros.
Nunca podré imaginarte físicamente, ni saber como suena tu voz, aunque me la imagino dulce, melosa, y estoy seguro que nunca me cansaré de oírla. No sé como son tus preciosos ojos, los últimos que todos los días de mi vida veré antes de irme a dormir. No sé como es el tacto suave de tus manos, ni cómo día sí día también lograré ver tu humilde y sensual sonrisa. Mi vida únicamente va a centrarse en hacerte feliz.
Hoy te escribo esta carta para decirte que te quiero, y que eres el amor de vida. Que no puedo dejar de pensar un minuto en ti. Puede que esté loco, pero sé que algún día leerás esta carta y te enamorarás de mí como yo lo estoy ahora mismo de ti. Reitero, puede que esté loco porque no te conozco, no sé quién eres, pero sé que existes, y que un día serás la persona por la que luche y de la cual presuma, porque en ti la perfecta imperfección vive.
Un día me verás, nuestras miradas se cruzarán, y sabremos que tú eres tú, y que para ti, yo seré yo. Nuestro amor en ese momento brotará, y algo, una conexión, una descarga, se creará entre nosotros, y estaremos destinados a volver a encontrarnos, y comenzar nuestra vida, una vida plena y feliz, con nuestros más y nuestros menos, pero siendo nosotros, siendo únicos y siguiendo enamorados como hasta ahora.
Sé que tú también me buscas, pero tu vergüenza te hace ir para atrás. Te entiendo, te conozco, por eso, te escribo esta carta, para demostrarte que yo también te quiero, quiero casarme contigo y vivir todos los días que me quedan de vida a tu lado. Porque eres especial, y la mujer más increíble que jamás conoceré. Eres mía, y yo estoy aquí para ser tuyo.
Una vez pensé que el destino es cruel: hoy en día le doy gracias por darme el don de saber que un día te conoceré y entonces te demostraré todo el amor que en mi pequeño y pobre corazón guardo para ti.
Te quiere,
David.
domingo, 22 de abril de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
Hojas
Hay momentos en la vida que se estampan en tu cara como un gran soplo de viento. Y otros, sin embargo, pasan absolutamente desapercibidos. No se sabe ni en qué momento, ni cómo, tú vida distingue esos momentos, ni su forma de seleccionarlos. No somos nosotros los que elegimos cuando vivir un momento, o cuando dejarlo pasar. Simplemente, las personas que hay a nuestro alrededor son las que deciden nuestra forma de vivir esos instantes.
Pasa igual con las hojas de los árboles. Ellas no deciden cuando levantarse, cuando bailar con suave hermosura, o cuando correr en el aire. El viento, el tan todopoderoso eolo, es el que siempre va a decidir en que momento jugar con ellas. No son dueñas de sus actos. Y quizás es eso lo único que nos diferencia de ellas. Al fin y al cabo, ¿no es cierto que nos gusta dejarnos llevar?
Quizás la única pega es, que a diferencia de las hojas,nosotros, con cada momento que vivimos, y que se estampa en nuestra cara, podemos vivir la más grande felicidad. Nunca quisiera ser una hoja. O sí, y dejarme llevar a cada momento, sin importar lo que pueda pasar a mi alrededor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)