Adiós al 2013. Adiós a un año lleno de idas y venidas. Toca ahora coger todo el ánimo guardado, juntarlo, y darle la bienvenida al 2014 como se merece. En mi caso, dejo el blog. Dicen siempre que hay que cerrar un libro para abrir otro. Este blog ha sido una gran parte de mí, he plasmado lo que me pasaba, lo que sentía. Y ahora es turno de comenzar algo nuevo, empezar desde abajo para no hacer otra cosa más que subir. A todos los que me habéis leído en este blog, os doy gracias. Voy a hacerme un blog nuevo, tranquilos, pero quiero que este guarde todo lo que este año me ha dado, y que sea único por ello. No quiero que se convierta en una novela de mi vida. Era mi año de desahogo y de plasmar todo, y aquí se va a quedar.
Dentro de poco comenzaré un blog nuevo, con ideas nuevas, mucho más vitalista, y sobre todo, más trabajado. Espero que me leáis pronto.
Os quiero,
David.
martes, 31 de diciembre de 2013
domingo, 29 de diciembre de 2013
Que os jodan.
Toda evolución tiene un resultado, resultado que por otra parte puede ser el comienzo de una evolución nueva que conlleve otro resultado, y así hasta un bucle infinito. En mi caso, estoy siendo fruto de una evolución. Y no podía ser mejor, ahora puedo decidir qué ser o en qué convertirme. He llegado a estar tan vacío, que estoy rehaciéndome a mi medida. Como yo quiero. Y he pensado en prescindir de los escrúpulos. Tener sangre fría y vivir alejado de los problemas de los demás, de preocupaciones ajenas, y de recuerdos que parecían imborrables.
Ahora soy yo, David, dueño de una vida que va a ser la segunda parte de la película de mi vida. Esa película que comenzó siendo un drama, y terminó con rayos de alegría y esperanza. Ahora, mi segunda parte, va a ser algo mucho más divertido, mucho más negro, más sanguinario. Voy a comenzar a ser una persona de carácter frío, muy poco controladora y, sobre todo, haciendo algo que deseaba hacer mucho tiempo.
Si bien en mi entrada de mis propósitos de año nuevo pedía tanto perdón como daba gracias, no me acordé de la gente que también me ha jodido la vida un poquito, que parece que han disfrutado haciéndome daño, o que me han llenado la cabeza de malos pensamientos y sensaciones, e incluso de sentimientos de sinvivir, porque de mis problemas no sólo soy culpable yo. A vosotros, a los que me lo habéis hecho pasar mal, y a todos por los que he derramado lágrimas que no merecíais, a vosotros, QUE OS JODAN, que os jodan pero bien jodidos, y sobre todo, que el 2014 os traiga nada más que amargura y os devuelva todo lo que me habéis dado este 2013.
Que os jodan.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Carta a mi madre.
Bueno mamá, me quedabas tú para dedicarte una carta. No sé ni por donde empezar.
Mi recuerdo más remoto es, cuando de pequeño, todavía en Madrid, me bañabas, y al acabar y secarme, me cogías en brazos, y en tu pecho, me cantabas 'Bailar Pegados' de Sergio Dalma. He crecido con tanto amor por tu parte, que quizás por eso soy lo que soy, gracias a ti. Esos domingos viendo a los guiñoles en el retiro, o comprando bolsas con migas de pan para tirárselas a los patos del estanque del Palacio de Cristal. Esos paseos por Madrid en los que hablábamos (y tan sólo tenía 3 o 4 años) de cosas triviales, de la familia, de mis amigos del colegio. Estábamos los dos solos, nos teníamos el uno al otro, y con eso nos bastaba. Al mudarnos a Alcorcón, la cosa comenzó a cambiar. Estábamos todo el día en el Parque, me llevabas a la Biblioteca, hiciste amistades nuevas, y comenzaste a ver que tu vida, comenzaba a ser tuya. Cuando cumplí 8 años, me trajiste a la que hoy sigue siendo nuestra casa, y me miraste y dijiste: te prometo que esta casa, venga quien venga, va a ser nuestra casa. Aquí, mandamos nosotros. Y hasta hoy, así esta siendo.
Me has regalado una infancia maravillosa. Nadie creo que puede decir que de pequeño ha sido tan feliz como yo. Tenía una madre y un padre al mismo tiempo, que me cuidaba, me quería, era joven y ha sabido entender siempre todo lo que me pasaba. Mi nivel de confianza contigo es tan grande que te cuento absolutamente todo: desde mi valentía a los 16 años de contarte que fumaba en un bar a las 4 de la tarde, hasta estos meses donde mis cambios sentimentales y mis dudas, mis desorientaciones, han sido para ti un libro abierto. Cuando te conté lo que los dos sabemos, me dijiste: 'David, sea con quien seas, sé feliz. Mientras tú seas feliz, yo seré feliz. Y quiero que no te hagan daño ni que sufras. Y si conoces a gente, o te mueves en ambientes nuevos, y así eres feliz, entonces yo lo seré'. Ha sido de lo más bonito que jamás has hecho por mí. Entenderme y ponerte en mi lugar, como llevas haciendo toda mi vida.
Ahora no estamos pasando por una buena racha. Ha sido un año fatídico para ambos. Los llantos que nos hemos aguantado el uno al otro, nuestros bajones, nuestros problemas económicos... Pero te aseguro que saldremos adelante, como hemos salido siempre adelante. Y saber que puedo contar contigo para absolutamente todo es algo que reconforta y que me ha hecho llevar todos mis problemas muchísimo mejor. Y por eso te doy las gracias. Gracias por no solamente ser madre, sino por ser compañera de vida, amiga, confesora, en fin, alguien que sé que jamás me va a fallar. Todo lo que te has matado porque yo sea feliz algún día te lo recompensaré. Y todo lo que has luchado por mí, TÚ SOLA, eso, eso es digno de admirar por cualquiera. Desde el abandono de mi padre, los asistentes sociales, pasando por curas que no querían bautizarme o actos por pena del resto de la gente, e incluso dudas por parte de otras personas de que me hayas educado desde el amor y me hayas cuidado lo suficiente. Sólo te digo que yo me siento todos los días afortunado por tener una madre como tú, tan luchadora y valiente. Valiente es la palabra.
Sigue sonriendo, como yo sonrío cada vez que recuerdo cualquier momento juntos. Y jamás te culpes por haberme hecho madurar antes. Te lo agradezco, de corazón. No has hecho más porque no has podido, pero sé que te hubiera encantado dedicarme más tiempo siempre. Todavía nos quedan muchísimos años para dedicarnos tiempo, y para regalarnos momentos como todos los que conservo en lo más profundo de mi corazón. Te quiero con toda mi alma mamá.
David.
Mi recuerdo más remoto es, cuando de pequeño, todavía en Madrid, me bañabas, y al acabar y secarme, me cogías en brazos, y en tu pecho, me cantabas 'Bailar Pegados' de Sergio Dalma. He crecido con tanto amor por tu parte, que quizás por eso soy lo que soy, gracias a ti. Esos domingos viendo a los guiñoles en el retiro, o comprando bolsas con migas de pan para tirárselas a los patos del estanque del Palacio de Cristal. Esos paseos por Madrid en los que hablábamos (y tan sólo tenía 3 o 4 años) de cosas triviales, de la familia, de mis amigos del colegio. Estábamos los dos solos, nos teníamos el uno al otro, y con eso nos bastaba. Al mudarnos a Alcorcón, la cosa comenzó a cambiar. Estábamos todo el día en el Parque, me llevabas a la Biblioteca, hiciste amistades nuevas, y comenzaste a ver que tu vida, comenzaba a ser tuya. Cuando cumplí 8 años, me trajiste a la que hoy sigue siendo nuestra casa, y me miraste y dijiste: te prometo que esta casa, venga quien venga, va a ser nuestra casa. Aquí, mandamos nosotros. Y hasta hoy, así esta siendo.
Me has regalado una infancia maravillosa. Nadie creo que puede decir que de pequeño ha sido tan feliz como yo. Tenía una madre y un padre al mismo tiempo, que me cuidaba, me quería, era joven y ha sabido entender siempre todo lo que me pasaba. Mi nivel de confianza contigo es tan grande que te cuento absolutamente todo: desde mi valentía a los 16 años de contarte que fumaba en un bar a las 4 de la tarde, hasta estos meses donde mis cambios sentimentales y mis dudas, mis desorientaciones, han sido para ti un libro abierto. Cuando te conté lo que los dos sabemos, me dijiste: 'David, sea con quien seas, sé feliz. Mientras tú seas feliz, yo seré feliz. Y quiero que no te hagan daño ni que sufras. Y si conoces a gente, o te mueves en ambientes nuevos, y así eres feliz, entonces yo lo seré'. Ha sido de lo más bonito que jamás has hecho por mí. Entenderme y ponerte en mi lugar, como llevas haciendo toda mi vida.
Ahora no estamos pasando por una buena racha. Ha sido un año fatídico para ambos. Los llantos que nos hemos aguantado el uno al otro, nuestros bajones, nuestros problemas económicos... Pero te aseguro que saldremos adelante, como hemos salido siempre adelante. Y saber que puedo contar contigo para absolutamente todo es algo que reconforta y que me ha hecho llevar todos mis problemas muchísimo mejor. Y por eso te doy las gracias. Gracias por no solamente ser madre, sino por ser compañera de vida, amiga, confesora, en fin, alguien que sé que jamás me va a fallar. Todo lo que te has matado porque yo sea feliz algún día te lo recompensaré. Y todo lo que has luchado por mí, TÚ SOLA, eso, eso es digno de admirar por cualquiera. Desde el abandono de mi padre, los asistentes sociales, pasando por curas que no querían bautizarme o actos por pena del resto de la gente, e incluso dudas por parte de otras personas de que me hayas educado desde el amor y me hayas cuidado lo suficiente. Sólo te digo que yo me siento todos los días afortunado por tener una madre como tú, tan luchadora y valiente. Valiente es la palabra.
Sigue sonriendo, como yo sonrío cada vez que recuerdo cualquier momento juntos. Y jamás te culpes por haberme hecho madurar antes. Te lo agradezco, de corazón. No has hecho más porque no has podido, pero sé que te hubiera encantado dedicarme más tiempo siempre. Todavía nos quedan muchísimos años para dedicarnos tiempo, y para regalarnos momentos como todos los que conservo en lo más profundo de mi corazón. Te quiero con toda mi alma mamá.
David.
martes, 24 de diciembre de 2013
Mis propósitos para 2014
Bueno, cuando llegan estas fechas uno siempre echa vista atrás para ver cómo ha ido su año y qué cosas reseñables debe guardar, y de cuales se debe deshacer. Yo no voy a hacer un balance de cómo ha sido mi año, pero sí quiero plasmar lo que quiero que sea el año que viene para mí.
- Quiero aprobar la carrera, y en Julio poder decirle a la gente: soy graduado en Derecho.
- Quiero seguir sin fumar, que ya llevo 4 meses sin humos, 4 meses de esfuerzo y lucha y que espero, sean muchísimos más.
- Como todo el mundo, quiero adelgazar. El año pasado me propuse perder 15 kilos. He perdido 17. Ahora toca seguir por ese camino, y sobre todo, que los ánimos no me puedan.
- Me gustaría estar mejor para el año que viene, anímicamente hablando. Voy muy bien, voy cada día esforzándome más por estar bien, y ya estoy cambiando. Quiero, que cuando pasen unos años, vea este 2013 como un simple período de transición.
- Quiero que el año que viene sea el de mi libertad, el de vivir mi vida como yo quiero, y sobre todo, con quien yo quiero.
- Y, por último, quiero que la gente a la que he hecho daño, a las que mi situación les ha superado en ocasiones, los que han estado a mi lado, me han apoyado y han intentado por todos los medios sacarme una sonrisa fuera la hora que fuera, y estuvieran haciendo lo que estuvieran haciendo, a todos ellos, tanto pedirles perdón, como agradecerles haber estado allí. Sin vosotros, este año hubiera sido mucho peor.
domingo, 22 de diciembre de 2013
La felicidad.. esa gran (des)conocida
De los que leéis esto, ¿cuántos sois capaces de decir que en algún momento de vuestra vida habéis sido o sois felices? Venga, pensadlo un momento. Que cada uno reflexione y piense. ¿Habéis conocido la felicidad?
¿Ya? Estaría bien saber qué es exactamente para vosotros la felicidad, pero según la entiendo yo, no se trata de un estado pleno de bienestar y ganas de vivir. Sí, bueno, puede que sea eso, pero no en un largo período de tiempo. La felicidad son pequeños momentos de nuestra vida en los que experimentamos las mayores ganas de vivir, o quizás el mayor sentimiento de autorrealización. Para mí, ser feliz es haber llegado al mayor estado de plenitud que puede llegar cualquier persona. Dicho así, puede que, efectivamente, ninguno o muy pocos hayamos vivido la felicidad.
Ahora bien. Pongamos varios ejemplos:
En el caso de las madres, ¿no dicen que se vive eso al dar a luz y coger por primera vez a su hijo en brazos? ¿O esas noches en las que, embarazadas, se tocan la tripa antes de irse a dormir para comprobar que ese niño que tienen en su interior está bien? Ese vínculo que se crea, ¿no es acaso felicidad?
Los estudiantes: cuando sacamos una nota mayor de la esperada, cuando nos graduamos, e incluso hacemos bien un ejercicio, ¿no nos sentimos extremadamente bien?
¿Qué me decís, los que trabajamos, de esa sensación que te entra por el cuerpo cuando tu jefe para lo que esté haciendo para decirte lo bien encaminado que vas? ¿Que lo estás haciendo bien?
¿Qué sentirá un político cuando ve que el pueblo por primera vez está de acuerdo con una decisión suya...? Vale, puede que este ejemplo sea algo utópico.
Pero en general. Los pequeños momentos, esos momentos, son los que nos aportan felicidad, nos aportan plenitud y, sobre todo, paz con nosotros mismos. ¿Por qué basamos nuestra vida en buscar un estado continuo de plenitud, si lo que debemos hacer es basar nuestra vida en conseguir esos pequeños momentos?
Enfocamos mal nuestra vida, y yo el primero. ¿Por qué no la cambiamos?
¿Ya? Estaría bien saber qué es exactamente para vosotros la felicidad, pero según la entiendo yo, no se trata de un estado pleno de bienestar y ganas de vivir. Sí, bueno, puede que sea eso, pero no en un largo período de tiempo. La felicidad son pequeños momentos de nuestra vida en los que experimentamos las mayores ganas de vivir, o quizás el mayor sentimiento de autorrealización. Para mí, ser feliz es haber llegado al mayor estado de plenitud que puede llegar cualquier persona. Dicho así, puede que, efectivamente, ninguno o muy pocos hayamos vivido la felicidad.
Ahora bien. Pongamos varios ejemplos:
En el caso de las madres, ¿no dicen que se vive eso al dar a luz y coger por primera vez a su hijo en brazos? ¿O esas noches en las que, embarazadas, se tocan la tripa antes de irse a dormir para comprobar que ese niño que tienen en su interior está bien? Ese vínculo que se crea, ¿no es acaso felicidad?
Los estudiantes: cuando sacamos una nota mayor de la esperada, cuando nos graduamos, e incluso hacemos bien un ejercicio, ¿no nos sentimos extremadamente bien?
¿Qué me decís, los que trabajamos, de esa sensación que te entra por el cuerpo cuando tu jefe para lo que esté haciendo para decirte lo bien encaminado que vas? ¿Que lo estás haciendo bien?
¿Qué sentirá un político cuando ve que el pueblo por primera vez está de acuerdo con una decisión suya...? Vale, puede que este ejemplo sea algo utópico.
Pero en general. Los pequeños momentos, esos momentos, son los que nos aportan felicidad, nos aportan plenitud y, sobre todo, paz con nosotros mismos. ¿Por qué basamos nuestra vida en buscar un estado continuo de plenitud, si lo que debemos hacer es basar nuestra vida en conseguir esos pequeños momentos?
Enfocamos mal nuestra vida, y yo el primero. ¿Por qué no la cambiamos?
viernes, 20 de diciembre de 2013
Adelanto de mi libro para vosotros :)
Los que ya me conocen lo saben: estoy escribiendo un libro. Llevo ya un par de años con él, pero he tenido que documentarme, aclarar ideas, y sobre todo, hacer una línea de tiempo para poder plasmar la historia lo más ordenada posible. A partir del 11 de enero, voy a ser libre, y voy a ponerme a ello. Este libro es la ilusión de mi vida, es mi meta, mi sueño. Y puesto que estamos en época de soñar, os dejo el prólogo de mi libro. Es un fragmento muy corto, pero tengo tantas ganas de compartir mi trabajo y mi ilusión, que aquí os lo dejo. La primera página de mi libro. El primer paso a cumplir mi sueño. Tomáoslo como regalo de navidad. Os quiero :)
No logro entender
cómo, pero he llegado a un punto en el que no sé si estoy vivo o muerto, si
siento o padezco. Lo único de lo que me doy cuenta es de mi ruin y vil
existencia. De que he vivido únicamente basándome en el rencor y la desgracia
ajena. Tantos llantos, tantas lágrimas derramadas y tantas personas a las que,
gratuitamente, he herido.
Desde el momento que
comencé en este grupo de sicarios, supe que antes o después nada terminaría
bien. La existencia solamente nos hace ser partícipes de nuestra propia vida.
Y, mi vida, no ha sido vida, ha sido muerte. La de cada inocente que he matado
sin piedad.
Me gustaría que algún
día se me recordara no como aquel asesino a sueldo, sin ningún tipo de
escrúpulo. Ni como aquel salvaje que, despreocupado de lo que los demás
sintieran, ha disfrutado plenamente de su vida. Quiero ser recordado como
aquella persona que justo antes de morir se dio cuenta de tremendo daño
realizado. No quiero que nadie me perdone. Quiero perdonarme a mí mismo.
Te quiso, te quiere, y
desde donde quiera que esté ahora mismo, te querrá
Darío
San Andrés
jueves, 19 de diciembre de 2013
19 de diciembre
Ella se marchó. Él, sin embargo, se quedó sentado en ese banco de aquel parque, esperando no sabía muy bien el qué. Con una maleta de piel marrón a sus pies, y sin un solo euro en la cartera, decidió esperar allí a que su suerte cambiara. La gente que iba por la calle seguía haciendo su vida, y él, sin embargo, allí estaba, con la mirada perdida, mirando al frente. Nada ni nadie podía perturbar ese estado emocional.
Todo empezó a moverse a cámara lenta. Él notaba que iba a ritmo normal, pero que todo a su alrededor empezaba a ralentizarse. Los ruidos hacían más eco, las risas de los niños jugando retumbaban más en sus oídos, los gorriones parecían águilas con esos quejidos que emitían, y el agua de la fuente que tenía enfrente parecía muy espesa y pesada, veía cada gota, cada resplandor en los reflejos cristalinos...
Empezó a oscurecer lentamente, los rayos del sol comenzaron a disiparse para dar paso a una penumbra que avecinaba una gran tormenta. La gente del parque empezó a irse, los niños lloraban porque sus juegos terminaban y se resistían a abandonar su divertimento. Y allí, en soledad, con su mirada perdida, se quedó él. De golpe empezó a oír un gran estruendo, que cada vez se iba aproximando más. Todo seguía a cámara lenta. Notó como las gotas golpeaban las hojas, los árboles comenzaban a ruborizar, y una gran brisa fría anunciaba lo siguiente: una gran orquesta de agua y truenos que él mismo iba a sufrir allí sentado.
El agua comenzó a mojarle, su pelo peinado hacia arriba comenzó a descender, y su visión empezó a nublarse. Sin embargo, ni se inmutó. Los relámpagos iluminaban sus vistas, y los truenos le hacían parecer más débil. Pero no se movió de allí. Su suerte, ya había cambiado. Y no tenía donde ir.
Todo empezó a moverse a cámara lenta. Él notaba que iba a ritmo normal, pero que todo a su alrededor empezaba a ralentizarse. Los ruidos hacían más eco, las risas de los niños jugando retumbaban más en sus oídos, los gorriones parecían águilas con esos quejidos que emitían, y el agua de la fuente que tenía enfrente parecía muy espesa y pesada, veía cada gota, cada resplandor en los reflejos cristalinos...
Empezó a oscurecer lentamente, los rayos del sol comenzaron a disiparse para dar paso a una penumbra que avecinaba una gran tormenta. La gente del parque empezó a irse, los niños lloraban porque sus juegos terminaban y se resistían a abandonar su divertimento. Y allí, en soledad, con su mirada perdida, se quedó él. De golpe empezó a oír un gran estruendo, que cada vez se iba aproximando más. Todo seguía a cámara lenta. Notó como las gotas golpeaban las hojas, los árboles comenzaban a ruborizar, y una gran brisa fría anunciaba lo siguiente: una gran orquesta de agua y truenos que él mismo iba a sufrir allí sentado.
El agua comenzó a mojarle, su pelo peinado hacia arriba comenzó a descender, y su visión empezó a nublarse. Sin embargo, ni se inmutó. Los relámpagos iluminaban sus vistas, y los truenos le hacían parecer más débil. Pero no se movió de allí. Su suerte, ya había cambiado. Y no tenía donde ir.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Para a pensar un segundo
Cierra los ojos. Durante un segundo nada más. Ahora ábrelos. ¿Lo notas, verdad? Esa sensación que tenemos muchas veces que nos hace pensar: me encantaría que todo cambiara en un abrir y cerrar de ojos. Bien, pues esa sensación de decepción al darte cuenta de que eso es imposible, de que ese cambio instantáneo no puede realizarse como tal, es la que tengo yo. Y no porque quiera que todo cambie en un abrir y cerrar de ojos. Sino porque la lucha interna que llevo y que me estoy tragando, esa, va a hacer que al final quiera que todo cambie demasiado rápido.
Los que me leéis sabéis como estoy, sabéis lo que siento, y lo que me falta. Y hasta hace poco me he dado cuenta de que voy a perder tantas cosas buenas por mi culpa, que cambiar para mí era un proceso que venía solo, y al que yo tenía que esperar. Pero no, los cambios no son mágicos, nos los tenemos que ganar.
Yo, de momento, no me estoy ganando ese cambio, quizás porque tengo tan metido de mi mente que no puedo, que no tengo fuerzas, que la sensación de derrota y cansancio me acompaña cada día. Pero tengo claro que algún día ese cambio llegará, y yo seré quien lo haya atraído hasta mí.
Párate a pensar un segundo y dime: ¿has luchado por tu cambio? Yo no, y por ello, no me quejo.
Los que me leéis sabéis como estoy, sabéis lo que siento, y lo que me falta. Y hasta hace poco me he dado cuenta de que voy a perder tantas cosas buenas por mi culpa, que cambiar para mí era un proceso que venía solo, y al que yo tenía que esperar. Pero no, los cambios no son mágicos, nos los tenemos que ganar.
Yo, de momento, no me estoy ganando ese cambio, quizás porque tengo tan metido de mi mente que no puedo, que no tengo fuerzas, que la sensación de derrota y cansancio me acompaña cada día. Pero tengo claro que algún día ese cambio llegará, y yo seré quien lo haya atraído hasta mí.
Párate a pensar un segundo y dime: ¿has luchado por tu cambio? Yo no, y por ello, no me quejo.
sábado, 14 de diciembre de 2013
Como en una habitación sin puerta
Imaginaos por un momento lo siguiente:
Estáis en una habitación. Esa habitación tiene absolutamente todo lo que quieres: personas maravillosas, grandes objetos, entretenimiento y formas de mantener la felicidad. Es como el paraíso hecho cubículo. Cuatro paredes que encierran cosas increíbles. Ahora suponed que esa habitación tiene además una gran ventana, pero no tiene puerta. Es decir, con todo lo que tienes dentro de esa habitación, ves lo que hay en el exterior, y como nos pasa siempre, quieres disfrutar de aquello que no tienes. Ves a la gente reír, llorar, vivir a fin de cuentas. Y tú quieres hacer lo mismo. Pero no hay manera de abrir y romper la ventana. Las cosas que había contigo ya no son tan maravillosas, las personas sabes que aun saliendo de esa habitación seguirán allí, pero conocer a gente nueva tampoco vendría mal, y ahora buscas la felicidad en otras cosas. ¿A que es agobiante? Vives cada segundo pensando en salir al otro lado de esa gran ventana, y vivir como toda esa gente. Tienes todo, y sin en cambio lo rechazas por comenzar de nuevo. Quieres buscar tú tu propia felicidad. Sólo tienes ganas de que esos cuatro muros se caigan pues no tienes otra solución, y poco a poco lo que parecía un paraíso acaba por convertirse en el peor de los infiernos. Necesitas cambios y notas como estás ya no sólo estancado, sino en ocasiones hundido.
Pues esto es exactamente lo que me pasa a mí. Que ahora que comienzo a tener todo lo que quiero, quiero dejarlo y comenzar una nueva vida. Esa sensación de que ves todo a través de una ventana y que ahora no disfrutas con nada, esa, es la que vivo cada día. ¿A que ahora tampoco cuesta tanto entenderlo?
Estáis en una habitación. Esa habitación tiene absolutamente todo lo que quieres: personas maravillosas, grandes objetos, entretenimiento y formas de mantener la felicidad. Es como el paraíso hecho cubículo. Cuatro paredes que encierran cosas increíbles. Ahora suponed que esa habitación tiene además una gran ventana, pero no tiene puerta. Es decir, con todo lo que tienes dentro de esa habitación, ves lo que hay en el exterior, y como nos pasa siempre, quieres disfrutar de aquello que no tienes. Ves a la gente reír, llorar, vivir a fin de cuentas. Y tú quieres hacer lo mismo. Pero no hay manera de abrir y romper la ventana. Las cosas que había contigo ya no son tan maravillosas, las personas sabes que aun saliendo de esa habitación seguirán allí, pero conocer a gente nueva tampoco vendría mal, y ahora buscas la felicidad en otras cosas. ¿A que es agobiante? Vives cada segundo pensando en salir al otro lado de esa gran ventana, y vivir como toda esa gente. Tienes todo, y sin en cambio lo rechazas por comenzar de nuevo. Quieres buscar tú tu propia felicidad. Sólo tienes ganas de que esos cuatro muros se caigan pues no tienes otra solución, y poco a poco lo que parecía un paraíso acaba por convertirse en el peor de los infiernos. Necesitas cambios y notas como estás ya no sólo estancado, sino en ocasiones hundido.
Pues esto es exactamente lo que me pasa a mí. Que ahora que comienzo a tener todo lo que quiero, quiero dejarlo y comenzar una nueva vida. Esa sensación de que ves todo a través de una ventana y que ahora no disfrutas con nada, esa, es la que vivo cada día. ¿A que ahora tampoco cuesta tanto entenderlo?
martes, 10 de diciembre de 2013
Días malos, pensamientos peores
Cuando nos da por pensar mal, pensamos fatal. Se nos mete una idea pesimista o, mejor dicho, tremendamente negativa y la apoyamos y seguimos durante el resto de día o días. Somos nosotros mismos los que alimentamos nuestra negatividad. Vale, sí, puede que por culpa de estímulos externos o de actos que realizan los demás hacia nosotros. Pero en definitiva, quien no cree o piensa algo, no lo hace su medio de vida.
Con mi problema, cualquier cosa que me ocurre o pasa me afecta en gran medida. Y es porque yo quiero. Y ayer, entendí todo.
Durante mi día recibí una serie de cosas que hicieron que guardara por un momento mis pensamientos negativos, mi sentimiento de malestar. Cosas que no a todo el mundo puede que gusten, pero al menos a mí, me encantaron. Al finalizar el día, tenía una sonrisa de oreja a oreja, y todo ello mientras estudiaba filosofía (increíble pero cierto). Y entonces me di cuenta de algo: todo lo que me pasó lo quise agarrar con todas mis fuerzas, y con ello conseguí olvidarme de mis malos sentimientos. Y lo conseguí.
Me he dado cuenta de algo que todo el mundo repite, pero que nunca he hecho caso. Las pequeñas cosas son las que realmente valen la pena. Mi día puede ser una mierda, pero siempre hay que buscar un atisbo de buena suerte o algún momento alegre, pues nos servirá para llevar bien todo lo malo. Tengo solamente 21 años, soy prácticamente un crío, y quizás me quede mucha vida por delante, o puede que no, nunca se sabe, pero lo que me quede, quiero ser yo quien lo viva, y de manera optimista.
Soy gilipollas, además, porque ahora tengo motivos de sobra para poder vivir de manera feliz: acabo la carrera, mi familia está conmigo, tengo una persona especial que me cuida y me mima y a la que quiero, amigos que me rodean y me arropan con todo su cariño, y un trabajo que, aun no remunerado, me está dando mucho más que un puñado de euros. Hoy, me levanto con el pie derecho, y el resto de mi vida, también.
Con mi problema, cualquier cosa que me ocurre o pasa me afecta en gran medida. Y es porque yo quiero. Y ayer, entendí todo.
Durante mi día recibí una serie de cosas que hicieron que guardara por un momento mis pensamientos negativos, mi sentimiento de malestar. Cosas que no a todo el mundo puede que gusten, pero al menos a mí, me encantaron. Al finalizar el día, tenía una sonrisa de oreja a oreja, y todo ello mientras estudiaba filosofía (increíble pero cierto). Y entonces me di cuenta de algo: todo lo que me pasó lo quise agarrar con todas mis fuerzas, y con ello conseguí olvidarme de mis malos sentimientos. Y lo conseguí.
Me he dado cuenta de algo que todo el mundo repite, pero que nunca he hecho caso. Las pequeñas cosas son las que realmente valen la pena. Mi día puede ser una mierda, pero siempre hay que buscar un atisbo de buena suerte o algún momento alegre, pues nos servirá para llevar bien todo lo malo. Tengo solamente 21 años, soy prácticamente un crío, y quizás me quede mucha vida por delante, o puede que no, nunca se sabe, pero lo que me quede, quiero ser yo quien lo viva, y de manera optimista.
Soy gilipollas, además, porque ahora tengo motivos de sobra para poder vivir de manera feliz: acabo la carrera, mi familia está conmigo, tengo una persona especial que me cuida y me mima y a la que quiero, amigos que me rodean y me arropan con todo su cariño, y un trabajo que, aun no remunerado, me está dando mucho más que un puñado de euros. Hoy, me levanto con el pie derecho, y el resto de mi vida, también.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Se me escapa
Todo. Mis manos ahora mismo son débiles. Y mi vida, demasiado frágil. Vuelvo a ese punto en el que vuelvo a sentirme inseguro, débil. Vuelvo a ver todo gris, y a estar un día bien y tres mal. Vuelvo a llorar sin sentido, a ver como dejo de ser dueño de mi vida.
Durante este mes de recuperación, durante este fin de tratamiento, me he sentido bien. Pero poco a poco he vuelto a ser otra vez el de antes, el de hace un año. No sé exactamente qué me pasa, ni si quiera mi médico supo saberlo. Lo he achacado a varios problemas que he tenido en mi vida. Pero hoy en día todavía no sé por qué tengo estos altibajos, este sentimiento de ser lo peor del mundo. La gente me falla, me fío de quien no debo, e impasible, veo como me dejo hacer todo esto. Y he llegado a un punto en el que no puedo más.
Una de dos, o me voy lejos y no sigo aquí, o empiezo a quitar gente de mi vida.
Me odio a mi mismo por ser así, por ser tan simple, y dejarme apalear tantas veces. Me odio por ser así, por mis altibajos y por hacer pasar a tanta gente por todos estos problemas y por mis ralladas.
No me extiendo más. Hoy no hay metáforas, no hay comparaciones. Hoy soy yo, David, el que reconoce por aquí que no ha vencido la lucha contra sí mismo, y que está otra vez mal. No sé cual será la solución. Quizás deba cambiar de actitud ante la vida. Quizás deba cambiar yo. O quizás deba cambiar a los demás. Lo que tengo claro es que así no puedo seguir. No quiero derramar más lágrimas. Pero necesito fuerza. Y ahora mismo, no la tengo.
Durante este mes de recuperación, durante este fin de tratamiento, me he sentido bien. Pero poco a poco he vuelto a ser otra vez el de antes, el de hace un año. No sé exactamente qué me pasa, ni si quiera mi médico supo saberlo. Lo he achacado a varios problemas que he tenido en mi vida. Pero hoy en día todavía no sé por qué tengo estos altibajos, este sentimiento de ser lo peor del mundo. La gente me falla, me fío de quien no debo, e impasible, veo como me dejo hacer todo esto. Y he llegado a un punto en el que no puedo más.
Una de dos, o me voy lejos y no sigo aquí, o empiezo a quitar gente de mi vida.
Me odio a mi mismo por ser así, por ser tan simple, y dejarme apalear tantas veces. Me odio por ser así, por mis altibajos y por hacer pasar a tanta gente por todos estos problemas y por mis ralladas.
No me extiendo más. Hoy no hay metáforas, no hay comparaciones. Hoy soy yo, David, el que reconoce por aquí que no ha vencido la lucha contra sí mismo, y que está otra vez mal. No sé cual será la solución. Quizás deba cambiar de actitud ante la vida. Quizás deba cambiar yo. O quizás deba cambiar a los demás. Lo que tengo claro es que así no puedo seguir. No quiero derramar más lágrimas. Pero necesito fuerza. Y ahora mismo, no la tengo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)