Un día cualquiera te levantas, como cualquier día. Un día cualquiera vas a trabajar, a estudiar, a hacer todo lo que tu jornada conlleva... como cualquier día. Miras a la gente, notas sus sentimientos, te solidarizas con los más necesitados, ríes, lloras, amas, gritas, odias, corres, saltas, vuelas... como cualquier día. Das paseos, andas, notas la energía del suelo subiendo lentamente por tus pies, llegando a todos tus sentidos, y te haces uno más de la calle... como cualquier día. Visitas ciudades antes desconocidas, o ciudades totalmente familiares, sintiendo matices desconocidos. Acompañado de tu mejor sonrisa, de tu más allegado compañero, de una gran amiga, o de un familiar querido, echas a andar, a reír, el tiempo pasa volando... como cualquier día.
No importa lo que sientas, ni lo que seas capaz de hacer durante las 24 horas que día tras día hacen nuestra vida. Lo importante es que simplemente seas capaz de sentir lo justo y necesario para hacer de un día cualquiera un día especial.
Y aunque parezca difícil hacer eso, no hace falta tomarse el día como un día especial. Levántate, piensa que ese día va a ser un día cualquiera, y cuando te acuestes, piensa en que ese día no ha sido cualquier día: ha sido el día más especial de tu vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario