Bueno mamá, me quedabas tú para dedicarte una carta. No sé ni por donde empezar.
Mi recuerdo más remoto es, cuando de pequeño, todavía en Madrid, me bañabas, y al acabar y secarme, me cogías en brazos, y en tu pecho, me cantabas 'Bailar Pegados' de Sergio Dalma. He crecido con tanto amor por tu parte, que quizás por eso soy lo que soy, gracias a ti. Esos domingos viendo a los guiñoles en el retiro, o comprando bolsas con migas de pan para tirárselas a los patos del estanque del Palacio de Cristal. Esos paseos por Madrid en los que hablábamos (y tan sólo tenía 3 o 4 años) de cosas triviales, de la familia, de mis amigos del colegio. Estábamos los dos solos, nos teníamos el uno al otro, y con eso nos bastaba. Al mudarnos a Alcorcón, la cosa comenzó a cambiar. Estábamos todo el día en el Parque, me llevabas a la Biblioteca, hiciste amistades nuevas, y comenzaste a ver que tu vida, comenzaba a ser tuya. Cuando cumplí 8 años, me trajiste a la que hoy sigue siendo nuestra casa, y me miraste y dijiste: te prometo que esta casa, venga quien venga, va a ser nuestra casa. Aquí, mandamos nosotros. Y hasta hoy, así esta siendo.
Me has regalado una infancia maravillosa. Nadie creo que puede decir que de pequeño ha sido tan feliz como yo. Tenía una madre y un padre al mismo tiempo, que me cuidaba, me quería, era joven y ha sabido entender siempre todo lo que me pasaba. Mi nivel de confianza contigo es tan grande que te cuento absolutamente todo: desde mi valentía a los 16 años de contarte que fumaba en un bar a las 4 de la tarde, hasta estos meses donde mis cambios sentimentales y mis dudas, mis desorientaciones, han sido para ti un libro abierto. Cuando te conté lo que los dos sabemos, me dijiste: 'David, sea con quien seas, sé feliz. Mientras tú seas feliz, yo seré feliz. Y quiero que no te hagan daño ni que sufras. Y si conoces a gente, o te mueves en ambientes nuevos, y así eres feliz, entonces yo lo seré'. Ha sido de lo más bonito que jamás has hecho por mí. Entenderme y ponerte en mi lugar, como llevas haciendo toda mi vida.
Ahora no estamos pasando por una buena racha. Ha sido un año fatídico para ambos. Los llantos que nos hemos aguantado el uno al otro, nuestros bajones, nuestros problemas económicos... Pero te aseguro que saldremos adelante, como hemos salido siempre adelante. Y saber que puedo contar contigo para absolutamente todo es algo que reconforta y que me ha hecho llevar todos mis problemas muchísimo mejor. Y por eso te doy las gracias. Gracias por no solamente ser madre, sino por ser compañera de vida, amiga, confesora, en fin, alguien que sé que jamás me va a fallar. Todo lo que te has matado porque yo sea feliz algún día te lo recompensaré. Y todo lo que has luchado por mí, TÚ SOLA, eso, eso es digno de admirar por cualquiera. Desde el abandono de mi padre, los asistentes sociales, pasando por curas que no querían bautizarme o actos por pena del resto de la gente, e incluso dudas por parte de otras personas de que me hayas educado desde el amor y me hayas cuidado lo suficiente. Sólo te digo que yo me siento todos los días afortunado por tener una madre como tú, tan luchadora y valiente. Valiente es la palabra.
Sigue sonriendo, como yo sonrío cada vez que recuerdo cualquier momento juntos. Y jamás te culpes por haberme hecho madurar antes. Te lo agradezco, de corazón. No has hecho más porque no has podido, pero sé que te hubiera encantado dedicarme más tiempo siempre. Todavía nos quedan muchísimos años para dedicarnos tiempo, y para regalarnos momentos como todos los que conservo en lo más profundo de mi corazón. Te quiero con toda mi alma mamá.
David.
No hay comentarios:
Publicar un comentario