domingo, 2 de junio de 2013

Problema.

Sensación de angustia. De no saber que hacer. No saber que querer. Tu mente te controla a ti, como si de su títere se tratara. Intentas ser dueño de tus sentimientos, pero no puedes, no sabes. Te levantas una mañana con la mayor de las alegrías. Otra mañana con la mayor de las tristezas. Y así, día sí, día también. No puedes ser optimista, ni tampoco pesimista, porque tu mente, tu cuerpo, decide por ti. Es algo extraño a lo que uno nunca acaba por acostumbrarse. El no ser dueño del estado de ánimo que uno tiene en según qué momentos no hace sino empeorar el descontrol mental. La cabeza un día la tienes lúcida. Otro día no sabes ni tan siquiera como expresarte. Ese bloqueo mental, ese, es el que hace que no pueda entrar en lo más profundo de mis sentimientos. Eso es lo que un día me hace sentir el ser más dichoso del mundo, y otro día el más miserable. Y se ha convertido en la mayor de mis rutinas. Algo con lo que, no de forma positiva, me he acostumbrado a vivir. Una sensación de abandono del cuerpo que podría compararse a veces con la de un zombie abandonando su parte humana. Soy dos, en uno. Sólo que esos dos, no comparten cuerpo. Uno vive en mi mente, el humano. Y otro, es mi mente, mi mando a distancia, mi motor involuntario. Se trata de uno luchando contra el otro. La voluntad, contra la obediencia. La felicidad contra la tristeza. Un choque de trenes diarios. El mayor de mis problemas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario