Me siento frágil. Cualquier estímulo externo no hace más que perjudicarme. Me da miedo, y eso me crea una inseguridad que pocas veces había tenido. Parece que camino por un fino hilo entre las cimas de dos montañas, como si fuera un funambulista. Me muevo entre dos mundos, y no sé muy bien por cual decidirme. Ahora mismo mi mente está vacía, y lo único que hago es pensar, dar vueltas a mil cosas y sentirme mal conmigo mismo.
¿Sabes que pasa cuando coges a un caracol y lo tocas? Se encoge y se mete dentro de su caracola. Pues así estoy yo. Ahora mismo solo quiero protegerme del mundo, porque sé que en cuanto vea la luz, volveré a necesitar verme dentro. Necesito tiempo para tantas cosas, y vivo con la sensación de no disponer de horas, que lo único que me queda es conformarme, y dejar que todo venga rodado. He perdido ganas de esforzarme y de ilusionarme. Busco oportunidades que llegan y que, en cambio, dejo marchar. Busco escapar, y en cambio, me encuentro atado de pies y manos. Una cadena invisible mucho más fuerte que una cadena física me une aquí, y lo único que puedo hacer es dejar de luchar y conformar mi vida en base a esa cadena.
Salgo a pasear, pienso... con la sensación de que el tiempo se para a medida que avanzo mi camino, mi mente deja de pensar y llega a estar completamente en blanco. Me desmaterializo de mi cuerpo para ser dos yo: el físico y el mental. Y ahora mismo no sabría con cual quedarme, porque ambos están completamente derrotados. Volviendo al símil del caracol, éste puede decidir si quedarse dentro del caparazón y estar protegido, o salir a la calle, convertirse en una babosa, y sobreexponerse a más peligros de manera absurda, demostrando gran valentía.
Por el momento, decido ser un caracol, y protegerme de mayores problemas. Puede ser algo de cobardía, pero de valientes está lleno el cementerio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario