miércoles, 9 de octubre de 2013

Un poco más yo; un poco menos yo

Durante tres meses y medio he estado recibiendo un tratamiento. Y ahora que lo estoy dejando, me veo en la necesidad de escribir lo que siento y lo que me pasa por la cabeza. Por primera vez en mi vida, sólo puedo desahogarme realmente por aquí.
Han sido 3 meses de lucha, 3 meses en los que lo he pasado realmente bien, y a su vez realmente mal: náuseas, vómitos, jaquecas, insomnio, falta de apetito, más de 10 kilos perdidos, y una eliminación total de cualquier tipo de droga en mi cuerpo. Es decir, una auténtica montaña rusa. ¿Ha merecido la pena?
En parte sí. He podido ser un poco más yo, es decir, el David risueño que era hace más de un año, que se reía por todo, energético, en definitiva, un David algo más feliz. 
Pero en parte no. Ya no era el David que superaba todo sin ningún tipo de problema, que si tenía que llorar lloraba o reía. Estos tres meses no controlaba mis emociones, mis sentimientos, no aguantaba como aguantaba antes, y me derrumbaba con mayor facilidad cuando menos tenía que derrumbarme. En definitiva, me he sentido un robot.
No sé si habrá merecido la pena. Quizás ha sido un precio demasiado alto que pagar para darme cuenta de que mi felicidad depende únicamente de mí, y de que tengo que superar mis problemas con la mejor de mis sonrisas. Me he dado cuenta de que lo que hace feliz a la gente de mi alrededor, es verme a mí feliz. 
Sólo llevo dos días quitándome el tratamiento de manera progresiva, y no están siendo dos días fáciles: pesadillas, paranoias, ansiedad... pero tengo claro que soy fuerte para poder con esto y mucho más.
La cabeza humana es lo que tiene: sólo ella sabe controlarse. Si la desprogramas para luego programarla de nuevo, necesitas un proceso posterior. Y en ese proceso es en el que estoy metido. No sé si seré capaz de superarlo. Pero las ganas no me faltan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario