Todo. Mis manos ahora mismo son débiles. Y mi vida, demasiado frágil. Vuelvo a ese punto en el que vuelvo a sentirme inseguro, débil. Vuelvo a ver todo gris, y a estar un día bien y tres mal. Vuelvo a llorar sin sentido, a ver como dejo de ser dueño de mi vida.
Durante este mes de recuperación, durante este fin de tratamiento, me he sentido bien. Pero poco a poco he vuelto a ser otra vez el de antes, el de hace un año. No sé exactamente qué me pasa, ni si quiera mi médico supo saberlo. Lo he achacado a varios problemas que he tenido en mi vida. Pero hoy en día todavía no sé por qué tengo estos altibajos, este sentimiento de ser lo peor del mundo. La gente me falla, me fío de quien no debo, e impasible, veo como me dejo hacer todo esto. Y he llegado a un punto en el que no puedo más.
Una de dos, o me voy lejos y no sigo aquí, o empiezo a quitar gente de mi vida.
Me odio a mi mismo por ser así, por ser tan simple, y dejarme apalear tantas veces. Me odio por ser así, por mis altibajos y por hacer pasar a tanta gente por todos estos problemas y por mis ralladas.
No me extiendo más. Hoy no hay metáforas, no hay comparaciones. Hoy soy yo, David, el que reconoce por aquí que no ha vencido la lucha contra sí mismo, y que está otra vez mal. No sé cual será la solución. Quizás deba cambiar de actitud ante la vida. Quizás deba cambiar yo. O quizás deba cambiar a los demás. Lo que tengo claro es que así no puedo seguir. No quiero derramar más lágrimas. Pero necesito fuerza. Y ahora mismo, no la tengo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario