sábado, 14 de diciembre de 2013

Como en una habitación sin puerta

Imaginaos por un momento lo siguiente:

Estáis en una habitación. Esa habitación tiene absolutamente todo lo que quieres: personas maravillosas, grandes objetos, entretenimiento y formas de mantener la felicidad. Es como el paraíso hecho cubículo. Cuatro paredes que encierran cosas increíbles. Ahora suponed que esa habitación tiene además una gran ventana, pero no tiene puerta. Es decir, con todo lo que tienes dentro de esa habitación, ves lo que hay en el exterior, y como nos pasa siempre, quieres disfrutar de aquello que no tienes. Ves a la gente reír, llorar, vivir a fin de cuentas. Y tú quieres hacer lo mismo. Pero no hay manera de abrir y romper la ventana. Las cosas que había contigo ya no son tan maravillosas, las personas sabes que aun saliendo de esa habitación seguirán allí, pero conocer a gente nueva tampoco vendría mal, y ahora buscas la felicidad en otras cosas. ¿A que es agobiante? Vives cada segundo pensando en salir al otro lado de esa gran ventana, y vivir como toda esa gente. Tienes todo, y sin en cambio lo rechazas por comenzar de nuevo. Quieres buscar tú tu propia felicidad. Sólo tienes ganas de que esos cuatro muros se caigan pues no tienes otra solución, y poco a poco lo que parecía un paraíso acaba por convertirse en el peor de los infiernos. Necesitas cambios y notas como estás ya no sólo estancado, sino en ocasiones hundido. 

Pues esto es exactamente lo que me pasa a mí. Que ahora que comienzo a tener todo lo que quiero, quiero dejarlo y comenzar una nueva vida. Esa sensación de que ves todo a través de una ventana y que ahora no disfrutas con nada, esa, es la que vivo cada día. ¿A que ahora tampoco cuesta tanto entenderlo?

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