Cierra los ojos. Durante un segundo nada más. Ahora ábrelos. ¿Lo notas, verdad? Esa sensación que tenemos muchas veces que nos hace pensar: me encantaría que todo cambiara en un abrir y cerrar de ojos. Bien, pues esa sensación de decepción al darte cuenta de que eso es imposible, de que ese cambio instantáneo no puede realizarse como tal, es la que tengo yo. Y no porque quiera que todo cambie en un abrir y cerrar de ojos. Sino porque la lucha interna que llevo y que me estoy tragando, esa, va a hacer que al final quiera que todo cambie demasiado rápido.
Los que me leéis sabéis como estoy, sabéis lo que siento, y lo que me falta. Y hasta hace poco me he dado cuenta de que voy a perder tantas cosas buenas por mi culpa, que cambiar para mí era un proceso que venía solo, y al que yo tenía que esperar. Pero no, los cambios no son mágicos, nos los tenemos que ganar.
Yo, de momento, no me estoy ganando ese cambio, quizás porque tengo tan metido de mi mente que no puedo, que no tengo fuerzas, que la sensación de derrota y cansancio me acompaña cada día. Pero tengo claro que algún día ese cambio llegará, y yo seré quien lo haya atraído hasta mí.
Párate a pensar un segundo y dime: ¿has luchado por tu cambio? Yo no, y por ello, no me quejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario